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 La economía argentina se encogió, y su deuda en dólares aumentó. Según la última estadística oficial divulgada el martes 26, el PIB cayó un 0,9% en abril en comparación con el mismo mes del año anterior, y el 2,7% con relación a marzo de este año. Fue la primera contracción en 14 meses. En el mismo período, el país aumentó en 19 mil millones de dólares su pasivo externo, llegando a una deuda total de 253 mil millones. No son datos para celebrar. El Gobierno de Mauricio Macri ya admitió que "meses un poco más recesivos" se acercan, en un momento en que Argentina necesita apretar los cinturones para recortar gastos públicos de 7.100 millones de dólares el año que viene, conforme compromiso asumido con el Fondo Monetario Internacional para recibir un rescate de 50 mil millones de dólares.
 Es necesario retroceder a 2009 para encontrar un abril tan mal como el de este año. En aquella ocasión, la caída del PIB fue provocada por una sequía muy dura que afectó la cosecha de soja y otros granos que son la base de la economía argentina y fuente de divisas. Esta vez la culpa también fue del estiaje, que redujo en un 37% la cosecha prevista para este año. En el análisis sectorial ofrecido por el INDEC (órgano estadístico oficial), la producción agrícola cayó más de 30 puntos, tirando hacia abajo el resto de los indicadores.
 Pero el problema es de fondo, y el Gobierno lo sabe. Si abril de 2009 fue sólo un punto negro en una curva virtuosa de crecimiento, este año todavía no refleja las consecuencias de la crisis cambiaria de mayo. Los índices venideros serán aún peores, como reconoció el jefe de ministros, Marcos Peña. "Es probable, ya dijeron nuestros propios responsables de la economía, que debido a los choques externos que tuvimos y de la crisis cambiaria eso tendrá un efecto de algunos meses más recesivos, pero creemos que de todos modos este año va a terminar en crecimiento.
 Las estimaciones para 2018 ya no son del 3% de alta del PIB, como se especulaba en enero. "Se estima que el PIB se desacelere para un crecimiento cercano al 1% en 2018, antes de reanudar tasas superiores en 2019", dijo el Banco Central en una nota. La entidad monetaria atribuyó la caída "a la reciente aceleración inflacionaria", resultado de la devaluación del peso -que perdió la mitad de su valor desde enero- y "a la extraordinaria sequía que el sector agroexportador enfrentó".
 Las variables que el Gobierno necesita resolver son complejas. Los ingresos rurales se redujo y hay que reducir el déficit fiscal para contener el endeudamiento externo y moderar la inflación, que cerrará este año cerca del 30%, incluso del resultado de 2017. La deuda no ha dejado de crecer desde la posesión de Macri . Según el INDEC, aumentó en 19.190 millones de dólares entre enero y marzo, a razón de 211 millones de dólares al día, y más de 86 mil millones desde diciembre de 2015, cuando el actual Gobierno comenzó. Hoy está en 253 mil millones de dólares, cuando hace 10 años era de 160 mil millones.
 La dependencia externa de Argentina explica, para el Gobierno, buena parte del mal mayo que la economía ha vivido. En ese mes, el dólar pasó en pocos días de 20 pesos a casi 28. El alza de los intereses en Estados Unidos encaró el dinero para los emergentes, y el país sudamericano temió que el financiamiento que el macrismo disfrutaba desde su posesión fuera interrumpido. Decidió entonces recurrir al FMI.
 Los primeros 15 mil millones que llegaron del organismo sirvieron para sostener la moneda local y financiar el déficit, que el Gobierno prometió reducir a no más del 1% del PIB en 2019 ya cero en 2020. Para ello tendrá que ajustar las cuentas, algo complejo en un contexto de recesión con inflación. El problema para Macri es que el tiempo corre contra sí: el año que viene disputará la reelección, y el escenario actual no parece lo mejor para una campaña exitosa.

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